Pampita Barrantes detalles del divorcio














A continuación el testimonio completo emitido por "Intrusos", el que muestra parte de lo dicho por Carolina "Pampita" Ardohain sobre su dolorosa separación de Martín Barrantes.

Efectivamente, al poco tiempo de casados y durante los primeros meses de matrimonio, sin que mediara ninguna actitud de mi parte que podría llegar a justificarlo, Barrantes procedió en forma paulatina y en aumento a agredirme verbalmente en público y en privado.

Lamentablemente debo informar que el Sr. Barrantes bebía en exceso y que esta circumstancia lo tornaba sumamente agresivo. Luego de cada reunión social era común que Barrantes protagonizara algún hecho desagradable, el más habitual era quedarse dormido en algún sillón, era yo quien tenía que ayudarlo a incorporarse y tratar que volviera a restablecerse.

Durante el primer año de casados el comportamiento de Barrantes tuvo una contradicción en sí misma, que se va a manifestar más claramente cuando deja de trabajar sin motivo alguno. A partir de ese momento, no busca un nuevo empleo, se pasa a vivir única y exclusivamente de mi trabajo.

Él consideraba que existían dos niveles. Por un lado, el propio, perteneciente a la "alta sociedad" que sabía que decir y comportarse en reuniones. Por otro lado, "los ordinarios", entre los cuales se encontraba para él la suscripta. Es así, como mientras yo trabajaba, el Sr. se encargaba de controlar que yo no engordara, porque para él, era una herramienta de trabajo.

Si manifestaba que la cena estaba sabrosa, él acotaba públicamente "sos una grasa", "no tenés porque decir que la comida estaba rica". Si pedía un postre, Barrantes decía "sos una gorda grasa".

En el primer cumpleaños de Barrantes después de casados, quise darle una gran alegría. Adorné la casa con guirnaldas y globos e invité a algunos amigos para hacerle una fiesta sorpresa.

Cuando arribó, me encaró de forma violenta delante de todos los invitados y a los gritos procedió a decir: "Sos una ordinaria y saca inmediatamente toda la decoración, esto sucede porque pertenecés a otra clase social".

Por más sobria y discreta que me vistiese, a él le molestaba sin ninguna razón mi forma de lucir, decía que la ropa que usaba no era distinguida, que la avergonzaba, exigíendome que me cambiara.

Día a día Barrantes se ponía más y más violento. Pese a todos mis esfuerzos por salvar el matrimonio, él se mostraba absolutamente ajeno a todas y cada una de sus obligaciones que le correspondían como esposo.

En primer término, debo señalar que lo que me causó un profundo dolor fue su falta de cariño, afecto y amor. Me parecía inconcebible que a los pocos meses de casados, Barrantes hubiera cambiado tan radicalmente.

Puedo afirmar que la persona que había sido mi novio y que me llenó de atenciones y cariño había mutado en ciento ochenta grados, mi sensación era que estaba casada con una persona desconocida.

Rapidamente se fue produciendo un abandono hacia mi persona al punto que llegamos a no mantener relaciones de ningún tipo. Al ver que mi matrimonio corría peligro, mi condición cristiana y mi interés por salvar el mismo, me llevaron a pedirle consejos al padre Gustavo Antico, de la Parroquia del Colegio El Salvador.

Otra situación que también agravaba nuestra relación, eran las continuas salidas de Barrantes con distintas mujeres, hechos estos que además de públicos eran publicitarios por la prensa. Este primer abandono del hogar conyugal, duró tres meses. Pese a la soledad, angustia y depresión que me había causado el abandono de mi cónyugue, acepté sus disculpas y promesas de cambio, todo ello con miras a salvar mi matrimonio y de lograr restablecer el amor de la pareja.

A pesar de mis esfuerzos y del aparente retorno, en los hechos, Barrantes "nunca volvió a su hogar". En innumerables situaciones, destacó que nunca volvia a dormir a casa, salía con su prima Sara Ferguson y algunas amigas.

En diciembre de 2004, Barrantes nuevamente me abandona. Transurrido dicho lapso, Barrantes regresa y jura que todo va a ser distinto, que lo había pensado, que estaba dispuesto a cambiar. Con el compromiso formal de que no bebería más en exceso, que no saldría con otras mujeres, comprometiéndose a dormir en casa todas las noches y por sobre todo no tener actitudes despreciativas hacia mi persona.

Las promesas se incumplieron, y Barrantes se mostró una vez más tal cual era. Continuó con sus actitudes de agresión y desamor. Continuó saliendo con amigas, bebiendo por ahí, sin volver en algunas oportunidades a dormir en nuestra casa.

Finalmente él me comunica que decide irse del hogar conyugal el 3 de julio de 2005 en forma definitiva, diciéndome que no pensaba volver nunca más, que no me quería.

Gentileza La Tv Misma