#EditorialHI: "Gracias Peque", por Toti Pasman



De repente estoy llorando enfrente al televisor del centro de prensa. 
No voy a vender humo creyendo que soy un erudito en judo, les juro que no entiendo nada. Sólo veo a una fiera de un metro y medio que se banca lo que venga, por ejemplo la húngara rubia, Eva, en cuartos de final que terminó lesionada por el empuje de Paula. 

"La cuidé en las competencias de este año, porque no quería que sus rivales la sientan en el mano a mano", contó su entrenadora. Vaya si la sintieron.

¡Qué garra tiene la "peque" por el amor de Dios! La veo defenderse en posición fetal con sus 30 años y su título de médica, y no puedo más que encariñarme con esta mujer que deja la vida en esos combates eternos de 4 minutos. 

La verdad sigo sin comprender el wasari que le dio la victoria ante la surcoreana con pinta de varón, pero no me importa. Verla festejar me alcanza para entender que las cosas marchan para la Argentina.
Mirarle los ojos es contagiarse de la emoción más pura, del tan famoso espíritu amateur de estos atletas que sueñan con la gloria antes que con la fama, los millones y las botineras. 

Al minuto de la final tuvo que parar porque un golpe hizo que le estalle sangre de la boca. Volvió enfurecida. Nos dio el oro. Es de oro. "La puta que vale la pena estar vivo", diría Alterio, para ver a la peque Pareto. Su temple y sus lágrimas ya pagaron la estadía en la cidade maravillosa. GRACIAS.

por Toti Pasman


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