#EditorialHI: "Rocky del Potro", por Toti Pasman



Lo de Juan Martín en Río fue conmovedor. 
En un partido maratónico contra el tenista más en forma del circuito, Delpo dejó la piel, la vida, las piernas, la muñeca izquierda, el brazo derecho, los huevos, absolutamente todo, por conseguir una medalla para la Argentina. 

Después de tres horas y media de partido, "la Torre" parecía agotado, fusilado, liquidado, contra las cuerdas, y siempre resurgía, aparecía una derecha furiosa más para seguir vivo y meterle miedo a Murray. 

A lo Rocky Balboa contra Iván Drago, lo que hizo el tandilense en estos Juegos no tiene nombre. Cuando el físico le decía basta, el corazón lo obligaba a seguir, le exigía un esfuerzo más, un drive ganador más, un ace, otra batalla de fondo y una subida más a la red ante un incansable y brillante británico. 

Hay tipos que nacen tocados por una varita mágica, que son de otra raza. Juan Martín del Potro es uno de ellos. Campeón del US Open ante Federer, medalla olímpica en Londres frente a Djokovic, volvió a rugir con toda su fuerza en Rio de Janeiro. Porque a Delpo le encantan las difíciles, lo motivan, es copero, rinde en la Davis y ni hablar en los Juegos Olímpicos, donde ya se colgó dos medallas. 

Después de tres años en los que el retiro parecía una realidad, Rocky demostró que sigue vivo, que siempre tiene una derecha más para tirar, que nunca hay que dejar de soñar y que siempre hay que luchar hasta el final. Jugó contra Djokovic, Nadal, Murray, el público brasileño, el calor, la programación y salió ganador casi siempre. 

En realidad, siempre. Porque Juan Martín del Potro demostró en Rio de Janeiro que es de oro. Libró una guerra tenística contra el mejor y lo puso contra las cuerdas, casi lo hace tirar la toalla. El abrazo del final fue el de dos gladiadores. 

La medalla es de plata pero Rocky es de oro.

por Toti Pasman


Foto: EFE

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