#EditorialHI: Delpo, el Messi del tenis. Por Toti Pasman


Juan Martín del Potro volvió a demostrar, si es que hacía falta después de Río, que es el As de espadas del tenis argentino.
Hoy no es posible pensar en ganar esa maldita y a la vez amada ensaladera sin Delpo en el equipo; como creo que no hay mundial posible sin Leo Messi en la formación nacional. 

La realidad es que para pasar la serie de Glasgow y viajar a Croacia había que ganarle un punto a Murray, Delpo lo hizo. Sin ese primer punto hoy estaríamos fuori de la copa. 
Lo de Juan Martín el viernes fue de otro planeta. Ganarle en su casa y sacarle el invicto al número 2 del mundo no es para cualquiera y Delpo estuvo a la altura. 

La "torre" nos tiene acostumbrado a estas cosas: ya venció a Djkovic en Serbia por la Davis, a Roger en la final del US Open, y otra vez a Nole y Rafa en los Juegos. 
Es claro que lo queremos ver siempre en la cancha. Gracias a Dios, tuvo en Pella y el gigante Leo Mayer un equipo que lo respaldó para que no sea en vano su triunfazo del viernes. 

La comparación con Leo Messi no es caprichosa. 
El viernes Delpo era Dios y el domingo al no jugar el quinto punto pasaba a ser casi un desertor para los hinchas. Algo así paso con la "pulga" cuando le ganamos a Uruguay con su gol y días más tarde cuando faltó en Mérida ante Venezuela pasó del cielo al infierno en pocas horas. 
Messi no es Dios y Delpo tampoco lo es. Aunque lo parezcan por momentos con la pelota o la raqueta, son seres humanos con virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, con decisiones a veces acertadas y otras no. 

Sólo una copa del mundo o una Davis los dejará exentos del escarnio público y twittero. El hincha seguirá gritando sus goles o aces con la misma pasión que criticará una derrota en una final o una ausencia ocasional. 
A los que somos del palo, porque a la cancha entran ellos, no nos queda otra opción que disfrutarlos cuando juegan. Esta vez Delpo tuvo en Pella y Mayer, las definiciones que no tuvo Messi de parte de Higuaín, Agüero o Di María, porque aunque sean extraordinarios son parte de un equipo. 

Lo qué está claro es que con ellos somos mejores y que es imposible pensar en la gloria máxima sin ellos.

por Toti Pasman


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