#EditorialHI: Colombia quiere Paz. Colombia necesita Paz. Por María Belén Aramburu


El mundo quiere Paz. El mundo necesita Paz. 
Colombia quiere Paz. Colombia necesita Paz. 
El mundo apostó por un acuerdo de paz con las FARC en Colombia y hasta el Papa Francisco programó un viaje para celebrar un acuerdo que tanto él como el resto daban por sentado. Pero este acuerdo al ser sometido a consideración del pueblo tuvo un revés inesperado para muchos. 

Debo admitir que deseando como todos la paz para nuestros hermanos colombianos, y siguiendo este tema de cerca hace ya varios años, contemplaba la posibilidad de una oposición a los términos de un acuerdo que, durante su gobierno, no pudo concretar Álvaro Uribe. Y si bien Juan Manuel Santos fue de su riñón ejerciendo dentro de su gabinete el Ministerio de Defensa, las diferencias los marcaron para situarse en dos posturas enfrentadas. 

Cabe destacar que, siendo Ministro, Santos ejecutó varios operativos contra las FARC, algunos de los cuales terminaron con la vida de alias Raúl Reyes en la operación Fénix y la liberación de Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial, en la operación Jaque, junto a tres estadounidenses y once militares. Ya en ese entonces comenzando un quiebre que terminaría en ruptura en su relación con el entonces presidente Uribe, éste último llegó a afirmar desde el Ejecutivo, que eran la solidez de las Fuerzas Armadas y la de la política de seguridad de su gobierno, las que permitían el éxito de estas gestiones, ya que Santos descreía de los grandes operativos militares. 

Que el 50,21% se haya expresado por el "no" ¿pone en peligro el cese de hostilidades? ¿Pone en peligro el cese del fuego? ¿Significa que un poco más de la mitad de los colombianos se opone a la paz? 
No, es la respuesta a estos interrogantes. 
Significa que, sobre todo en algunos sectores urbanos prima el rechazo al modus operandi que estas autoproclamadas fuerzas revolucionarias han mantenido durante 52 años perturbando la vida civil pacífica de millones de ciudadanos que, ganándose la vida diaramente a través de su esfuerzo, voluntad, sacrificio y trabajo, han vivido una era signada por el temor a los secuestros extorsivos y el crecimiento del narcotráfico, de quienes han llenado sus arcas por medio de negocios vinculados con el terror. 
Los 300.000 muertos, los más de 6 millones de desplazados, son algunos de los argumentos que los opositores al acuerdo esgrimen. Desean ver presos a los que perturbaron su paz y la de sus familias, por lo que rechazan una amnistía, aunque se haya hecho mención de una restricción de libertad; se preguntan por qué se les debería otorgar un subsidio de 450 dólares para salvaguardar el ingreso paulatino a la vida diaria del país cuando muchos de ellos apenas rasguñan un ingreso que no llega a los 250 dólares; ponen en jaque un proceso judicial que estaría embarcado en una fiscalía especial, fuera de la órbita de los tribunales ordinarios, como si de una justicia aparte se pudiera tratar; además de cuestionar la representación parlamentaria que en su ingreso a la vida política del país, podrían adoptar. 
Y la reparación a sus víctimas con el dinero obtenido de la prolongada guerra entablada en Colombia no parece haber sido considerada a la hora de votar a favor por los muchos que se encolumnaron tras el discurso de Uribe. 

¿Qué va a pasar ahora? 
Sin la concentración prevista para entregar sus armas en zonas asignadas a la ONU como indicaba el acuerdo firmado en Cartagena hace 8 días, su posterior ingreso a la vida civil, las negociaciones continúan basándose en los resultados del referéndum. 
La paz tan deseada por todos, no le es ajena a las propias FARC quienes, a través de su jefe, conocido como Timochenko, prometió analizar nuevas iniciativas para sacar adelante este proceso y ver qué hay que rectificar. 
Los puntos que no son viables para el 50,2% de los colombianos lo son para el 49,7% de los que votaron a favor. Pero también debería leerse con la misma profundidad y atención que un 62% se abstuvo de participar del plebiscito.

Sorpresa, decepción, el momento que será recordado en los libros de historia como aquel en que el pueblo colombiano le dio la espalda a lo que podría haber sido el final de una guerra de más de 50 años, incertidumbre, que trajo el resultado de los votos; fueron algunas de las expresiones que más fuertemente se escucharon en estas últimas horas desde distintos ámbitos institucionales locales y extranjeros. 
Las negociaciones continúan. Las revisiones a los puntos más ríspidos del acuerdo también. 
El mundo quiere Paz. El mundo necesita Paz. 
Colombia quiere Paz. Colombia necesita Paz.

por María Belén Aramburu


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