#EditorialHi: Si Trump cumple sus promesas. Por María Belén Aramburu


¿Sorprende el triunfo de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos? 
Las encuestas el fin de semana daban por ganadora a Hillary Clinton con un 1,6%, estirándose algunas a un 2%. Una sola encuesta lo ponía como victorioso a Trump con una diferencia del 3%. 
Para uno u otro candidato, la diferencia era mínima. La probabilidad de empate técnico era alta y las elecciones debían dirimirse, en este caso, con el voto de los integrantes de la Cámara de Representantes y del Senado, ambos con mayoría de republicanos aunque con un margen más estrecho en la última. 
Las encuestas fracasaron con sus pronósticos referenciales y orientativos para muchos. Y perdieron credibilidad. A la vez que, a esta altura se sabe que muchos de los encuestados contestaron las preguntas inclinándose por lo que se suponía debían responder y no por la inclinación de su voto. Podríamos darles el beneficio de la duda calificando, al menos a gran parte de éstos, como independientes que, al momento de emitir su voto, se inclinaron por lo que consideraban iba a ser la opción ligada al mal menor. 

Para responder la pregunta en cuestión más allá de las encuestadoras, aparece la pregunta de fondo: ¿Por qué ganó Donald Trump las elecciones y se convirtió en el presidente de los Estados Unidos? 
Para responderla debemos remitirnos a quiénes lo votaron: millones de trabajadores que, perteneciendo a una clase media y baja, pretenden mejorar su situación económica. Extraña que lo hayan hecho latinos, inmigrantes y, en menor medida afroamericanos, principalmente habitantes de zonas rurales. Interpretaron que la desigualdad los alcanzó y los marginó de un sistema que permitió una recuperación económica para los que más tenían. 
Su promesa de reducir del 40% al 15% los impuestos fueron atractivas para parte del electorado que lo acompañó. 

La paradoja de dos palabras que parecen contradecirse desde lo conceptual pero que en los hechos se cruzaron en gobiernos alzados con la mayoría de los votos, muestra que el populismo de derecha crece en el mundo. 

En contrapartida al voto a favor de Trump, ¿por qué perdió la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, quien aparecía como la sucesora ya no de un presidente sino de un matrimonio que apoyó la campaña con presencia y gestos públicos concretos? 
Trump le espetó, fuera y dentro del debate, su comunión estrecha con el establishment y Wall Street, marcando el peso de los mismos en la crisis financiera internacional de 2008. Los mails de Clinton mostrando su adhesión, circularon por las redes, los medios, y se hicieron públicos a la par de las críticas de corrupción que recibía de su contrincante. 

Hillary Clinton tiene nombre propio y peso específico en el mundo de la política, a diferencia de Donald Trump. Fue legisladora, Secretaria de Estado, Canciller, pero esto no alcanzó. 
No tiene el carisma de su marido Bill, quien empujó y lanzó la candidatura de Obama en el Partido Demócrata, ayudándolo muchísimo, pero manteniéndose en este caso al margen para no opacar la figura de su mujer. 

¿Era factible que una mujer fuese presidenta de uno de los países más poderosos del mundo? 
Al parecer sí. 
Pero en cuestión de género nunca parece alcanzar ni el brillo ni el esplendor, ni la trayectoria ni los conocimientos, cuando de un puesto de poder se trata, y ni hablar del mencionado. Haciendo la salvedad, por supuesto, de la fundamental consideración de la pertenencia a un partido político o una ideología que, abrazados fuertemente, no harían tambalear la inclinación del voto por una situación de género.

¿Las mujeres la votaron? Sí. Pero para muchas que no lo hicieron, Hillary no garantizaba, por su condición de género, la defensa de los derechos y garantías de la mujer sólo por su pertenencia. 
Hay que evaluar desde ya por qué se vota a favor de alguien que se presentó con evidencias, más allá de sus desmentidas, como un misógino y acosador, desmereciendo el lugar que ya se han ganado las mujeres y el aún inhóspito terreno por adquirir en sus logros.

¿Cambia Estados Unidos en cuanto a su política interna con el electo presidente Trump? 
Sí, si cumple sus promesas. 
¿Cambia el escenario mundial? 
Sí, si cumple sus promesas. Lejos de los aliados de la OTAN, mejorando sus relaciones con Rusia, fortaleciendo con su apoyo al actual gobierno sirio de Bachar Al Assad, construyendo un muro en la frontera con México, deportando a los 11 millones de indocumentados, prohibiendo la entrada a los musulmanes, manteniendo y aumentando la cantidad de presos en Guantánamo porque "la tortura funciona", entre otras cuestiones, el escenario mundial cambiará. 
Si cumple sus promesas.

por María Belén Aramburu


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