#EditorialHi: El empalme necesita una ruta segura, por María Belén Aramburu


El gobierno nacional ha lanzado a través de un decreto el Programa Empalme o de Inserción laboral para que los beneficiarios de planes sociales de los Ministerios de Trabajo y Social ingresen al mercado formal del empleo. 

¿Cómo? Subsidiando el Estado la ayuda económica correspondiente al plan social en la composición del salario que paga la empresa privada. Este subsidio va de los $900 a los $4.000. Será parte de la remuneración laboral neta mensual. Rige tanto para una nueva relación laboral como para una preexistente respecto del registro total laboral declarado al 31 de diciembre de 2016. 

En este empalme intervienen tres actores: 
 - El Estado que paga el subsidio correspondiente al equivalente del monto otorgado en concepto del plan social por dos años. 
- El sector privado a través de las empresas que absorben bajo relación de dependencia laboral a los nuevos trabajadores o a los que se les debe regularizar una situación laboral anterior pagando salarios y cargas sociales, deduciendo el valor del plan subsidiado por el Estado. 
- El trabajador beneficiario del plan social que ingresa al mercado formal. El gobierno pretende que en los primeros meses se incorporen de 5.000 a 10.000 personas adicionales por mes y que sean 80.000 las que se incorporen año a año. 

Con 4.500.000 de trabajadores informales y 1.500.000 de desocupados, nos preguntamos, ¿servirá para terminar con el empleo en negro? ¿servirá para formalizar una situación derivada de la falta de empleo desde hace muchos años que derivó en la ayuda a través de planes sociales? 
Siendo que el Programa Empalme no crea nuevas fuentes de trabajo sino que incentiva a las empresas a través de subsidios el pase de beneficiarios de planes sociales a la formalidad y registro en el empleo, me pregunto una cuestión más de fondo, ¿servirá en un contexto en el que la situación económica no está absorviendo trabajadores al compás de la demanda de empleo? 
Habiendo consultado a referentes de organizaciones sociales, pequeñas y medianas empresas y grandes empresas, llego a la conclusión de que la preocupación es siempre la misma: el panorama económico, el mercado interno, la inflación. Pero con diferencias. 

Para las organizaciones sociales el ingreso al mercado formal del trabajo es bueno pero también saben que, con los planes sociales se soluciona en parte un problema socio económico de la parte de la población más necesitada a la vez que sirve de herramienta de poder para movilizaciones populares que ejerzan presión cuando la situación lo requiera. 
Para las grandes empresas la efectividad del plan está vinculado con el funcionamiento de la economía y reactivación del mercado interno. Son más medidos para pronunciarse sobre lo que va a pasar.

Por mi parte quiero centrarme en el gran motor de la economía, en las pequeñas y medianas empresas que, en muchos casos, se han visto vapuleadas por el aumento de tarifas, el costo laboral creciente, la inflación, la imposibilidad de colocación de productos en el mercado interno por la baja del consumo y la competencia desenfrenada en algunos casos con importaciones que achican el margen de venta de sus productos. 

El Programa Empalme podría comenzar a sanear el empleo informal y la desocupación existentes. Eso sí, la cuestión de fondo es la reactivación económica y la recuperación del mercado interno. Por todo esto, el empalme necesita de una ruta segura.

por María Belén Aramburu


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