#EditorialHi: Escuelas en peligro, por María Belén Aramburu


¿Serán necesarios los corredores escolares?
Y de establecerlos, ¿serán eficientes?
¿Podrán los alumnos, padres y docentes ir y salir de las escuelas con seguridad y tranquilidad?

Al tiempo que escribo estas preguntas percibo, siento, que ni siquiera tendría que estar planteándolas. Se debiese dar como un hecho que ir desde la casa a la escuela y hacer el recorrido inverso se den por un camino seguro.
Lamentablemente no es así.

Seis escuelas de Villa Fiorito decidieron cerrar sus puertas por inseguridad.
¿Hasta cuándo? Hasta que se les garantice una respuesta a los "robos constantes y sistemáticos".
La medida cuenta con el apoyo de los padres y directivos de los establecimientos educativos. Todos son víctimas. Y el cierre de las escuelas los revictimiza al quedarse sin clases.
No encuentran otra opción ante la inseguridad permanente.
El miedo se ha instalado en todos ellos.
Les roban sus pertenencias interceptándolos con un arma blanca y hasta de fuego. A los más chicos les sacan sus mochilas con sus útiles y celulares. ¿Qué más puede tener un niño que va a la escuela?
A los que asisten al turno vespertino, en el que el número de delitos aumenta, y, que, por asistir en este horario son, por lo general, jóvenes o adultos que trabajan y estudian, los acorralan de a tres para robarles lo que lleven consigo.
Los docentes también se convierten en un blanco fácil a los que además se les roba su auto cuando lo dejan en cercanías de su trabajo.

A esta zonas se suman otras que son aprovechadas por los delincuentes a sabiendas que la vulnerabilidad, indefensión y falta de vigilancia, les permite un accionar eficaz.
Hay barrios en los que los niños se convierten en presas fáciles del robo. Están yendo o volviendo de la escuela con su mochila y su celular en su interior o en la mano y cuando son abordados por delincuentes saben que lo mejor es no ofrecer resistencia y entregar lo que les exijan, que, hasta en algunos casos puede ser además, quedarse sin sus zapatillas, campera o buzo. Nada material vale más que la vida. Y la vida está en riesgo cuando se sabe que el que ataca va por todo.

"No queremos que nos maten" me decían ayer con desesperación los que clamaban por seguridad en la puerta y alrededores de una escuela de Villa Fiorito. "Que nos pongan una garita".

Hicieron las denuncias cada vez que fueron asaltados. Algunos docentes sufrieron heridas por golpes propinados por los delincuentes mientras les robaban. Otros están de licencia ya que el miedo les impide retomar sus tareas habituales.
Las denuncias registradas pemitieron trazar un mapa de delito. Se canalizaron a través de la justicia. Tomaron la vía administrativa correspondiente llegando a los estamentos más altos del sistema educativo del distrito. Se visibilizaron tomando estado público a través de los medios.
¿Qué más se necesita para brindar seguridad a estas escuelas? Y otras que así lo requieran.

Basta de inseguridad.
Es un año de elecciones. Se vienen las legislativas. Empiecen mirando lo que pasa más cerca de sus casas, de sus barrios, de sus distritos. Y brinden soluciones que sean prácticas y no declamativas.
Comencé planteando si iba a ser necesario establecer corredores escolares, y de ser así, si serían eficientes.

Recuerdo que en 2004 cuando se implementaron ocho corredores en Capital Federal. Tres años antes un grupo de vecinos y maestros había hecho lo propio en Burzaco, tomando la idea original del italiano Francesco Tonucci.
Los corredores consistían en un recorrido de determinadas calles para ir y volver de la escuela, vigiladas por policías, vecinos y comerciantes. De encontrarse ante una situación de riesgo, podían refugiarse en los comercios adheridos señalados con un cartel en la vidriera y, desde allí, los alumnos podían comunicarse con sus padres o directamente con la policía.

¿Saben qué recuerdo también?
Conservo el recuerdo con mucho dolor.
Porque el primer corredor escolar funcionó en Manuela Pedraza entre Cabildo y Libertador. Ocho cuadras que atravesaban las vías del ex ferrocarril Mitre, en Núñez. Allí fue asesinada Lucila Yaconis. Tenía 16 años. Volvía a su casa desde el colegio.

Las respuestas a la inseguridad cuando ésta ya se ha materializado una y tantas veces urgen. 
La alarma sonó.

por María Belén Aramburu

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