El descargo de Pallares tras sufrir un robo en su casa


El periodista Adrián Pallares reveló que encontró su casa "patas para arriba" y semidesvalijada, luego de un asalto que sufrió el domingo por la tarde. El panelista de intrusos regresaba de comer con su familia y se topó con la triste escena en el regreso a su hogar.

Los delincuentes forzaron una puerta de servicio del departamento y tras revolver todos los ambientes del lugar escaparon con computadoras y algunos objetos de valor del presentador televisivo.

Mirá el descargo de Pallares:

"Es raro hablar en primera persona de lo que uno vivió. Estoy acostumbrado a contar historias de otros, en general de amor, de desamor, algunas más divertidas y otras más profundas.

Esta vez uno se convierte en protagonista involuntario, porque es víctima de un robo. Muchas veces en mi trabajo escuché el relato de gente que vivió situaciones similares, vecinos que cuentan la tristeza, la impotencia, la angustia o la bronca que se vive cuando uno llega a su casa y la encuentra patas para arriba.

Bueno; todo eso me pasó a mí el domingo pasado cuando volví del almuerzo familiar de siempre. Al entrar a mi casa vi todo revuelto: rápido de reflejos, no dejé entrar a mis hijas que venían detrás mío para que no vieran esa desagradable escena.

Las subí al ascensor urgente, mientras yo inconsciente espiaba el escenario, sin entender bien lo que pasaba. Sólo había cosas tiradas por todos lados y una casa revuelta, que no era la que habíamos dejado hacía apenas dos horas antes.

Después llamé a la Policía, al 911, y la verdad es que vinieron a toda velocidad. Eso devolvió un poco de tranquilidad a todos nosotros que estábamos en la vereda, huyendo de nuestra propia casa, porque pensábamos que aún alguien podría haber adentro, revolviendo, buscando, manoseando todas nuestras cosas.

Después vinieron los trámites, papeles, policías y declaraciones, y en medio de todo eso estaban mis hijas sentadas en la mesa del comedor, haciendo los deberes para el lunes, como si nada hubiera pasado, mientras que los oficiales que recorrían mi casa pateaban desde ropa hasta juguetes que estaban tirados por todos lado. Tratábamos de volver a la normalidad, en una tarde absolutamente anormal.

Lo demás es historia repetida, o mejor dicho, historia vivida por muchas familias que pasaron por esto desde hace muchos años, y otras, que hoy la siguen pasando, sin que el tema pueda resolverse.

Agradezco todos los llamados, los mensajes y las manifestaciones de apoyo por todas las vías. Les juro que es muy reconfortante sentirse acompañado en un momento así.

Mi familia recuperó algo de normalidad, pudimos reírnos de algunos faltantes: "Me robaron mi peluche, Fofura", dice Ema de 8 años, y Sol grita con una risa nerviosa: "No dejaron ni un auricular". La mayor, Mía, más despojada de lo material les dice a sus hermanas: "Chicas no nos pasó nada, estamos bien".

La escucho y me alegra que lo procese así, pero también me provoca una sensación rara que ella con sus 13 años también ya se conforme con eso de "no nos pasó nada".

Tiene razón: estamos bien, pero no debemos conformarnos con eso, debemos tener esperanza que todo puede mejorar. Eso quiero que entiendan mis hijas, agradecidas siempre, resignadas nunca. En eso ando esta noche mientras escribo y les uso su computadora para hacerlo, que está en su cuarto, porque la mía forma parte del "botín" que se llevaron de mi casa, el último domingo a la tarde".

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