#EditorialHi: "La magia de Scocco", por María Belén Aramburu


Hoy voy a hablar de fútbol.
Sí. Del 8 a 0 de River ante Wilstermann.

¿Porque soy de River?

No les voy a negar lo contenta que me puse con el resultado. Festejado además por los mozos de un restaurante al que fui, después del partido, que sabían que era hincha de River. Y, claro, ellos también. Algunos al menos.

River, de manera impensada, ganó por goleada. 
¿Alguien creyó que podía meter tantos goles? Hasta escuché a algún que otro periodista deportivo decirme que era difícil que ganara, que era difícil meter 3 goles, recuperarse de la derrota anterior, que si íbamos a penales, etc.

Y ocurrió ¿Ocurrió el milagro? Algunos pueden creer que sí. Y quizás sea milagroso conectarse de tal manera con uno mismo, con su esencia, con sus dones y talentos, con la fuerza de voluntad, con el trabajo, el esfuerzo, las ganas, con su poder interior. Pero es uno el que elige hacerlo. Es uno quien se lo propone y se dan los elementos cooperativos para que lo mejor suceda y se aprovechen las oportunidades.

Por eso quiero hablar de Ignacio Scocco, de su recuperación, de su conexión con lo mejor de él, con su esencia, con su poder interior. Más allá de mi alegría por River. Más allá de mi festejo por la clasificación a semifinales por la Copa Libertadores.
Porque creo que lo que hizo es un ejemplo.
¿Cuántas posibilidades de goles se perdió en el partido anterior en Cochabamba? Dos se perdió seguro.
Y en este partido, revirtiendo la historia anterior, el delantero de 32 años, el que pegaba pósters de Enzo Francescoli en su cuarto cuando era chico, marcó los 3 primeros goles antes de los 20 minutos del primer tiempo, y el quinto y el séptimo de los 8 de River.
"Hoy me tocó ser el goleador. Por suerte pude meter el quinto y el séptimo para festejarlos, porque los primeros tres no los pude festejar porque queríamos más y sabíamos que podíamos dar vuelta la serie", dijo humilde pero contundentemente Scocco, quien reconoce fallas y derrotas pero sabe de recuperaciones y éxitos.
Se refirió a la concentración. A la seguridad de todos de que contaban con un gran equipo y grandes individualidades para dar vuelta el resultado y cambiar la historia. Muy cierto.

Para el equipo fue el mejor resultado en copas internacionales. El anterior había sido también con un equipo boliviano, Universitario, en 1970, con un triunfo de 9 a 0.

Scocco tuvo su récord personal de goles como futbolista argentino en un partido para la Copa Libertadores. Alfredo Moreno para Boca en el 2000. Raúl Castronovo para Peñarol en 1971. Y hubo 6, los de Juan Carlos Sánchez en 1985 para Blooming sobre Deportivo Italia.

¿Hay 5 goles en la historia de River? Sí. Me contaron en River que todavía recuerdan los de Luque en el 76 contra San Lorenzo y los de Rongo a Ferro en el 39.

Se llevó la pelota del partido autografiada por todo el plantel. Pero se llevó algo más importante. El reconocimiento de sus pares, dirigentes del club y los hinchas, sintiendo que a éstos les devolvía en la cancha lo que ellos esperaban. Pero lo más destacado, es que se llevó a sí mismo, a un hombre diferente al partido anterior, que aprendió de sus errores, que potenció su juego mirando el presente en el partido y el futuro en la clasificación. Que se encontró consigo mismo, con un hombre que pudo renacer de sus fracasos para así disfrutar el éxito y compartirlo. Hoy es un hombre distinto, un hombre nuevo, un ejemplo para los demás.

Se había ido definitivamente Lucas Alario. Y apareció este fenomenal Scocco que redimió al equipo y al club.

Por eso, más allá del resultado técnico, quería rescatar al hombre. ¿Al hombre de River? Es de River obviamente. Si fuera de otro club, habría que resaltar los mismos valores. Porque así podemos demostrar que cada día es una nueva oportunidad para renacer y vivir el presente, que como bien indica esta palabra, es un regalo.

Regálense este nuevo día y que sea de gloria para ustedes y para quienes los rodean. Que el fracaso de ayer no los hunda nuevamente en emociones de queja, lamentos y llanto. Que sepan que hoy, ahora mismo, están listos para construir una nueva historia y puedan escribir una nueva y distinta página de su vida, aprendiendo de errores y aciertos pasados.

Apareció la magia de Scocco.
Que hoy aparezca la magia de todos ustedes.

Por María Belén Aramburu 

+ Leídas de la semana