#EditorialHI: "¿Quién cuida a nuestros niños en la escuela?", por María Belén Aramburu


Los responsables de cuidar a nuestros niños somos nosotros, sus padres. 
Cuando dejan el ámbito familiar para ir al colegio ponemos en manos de la institución educativa y quienes la componen, lo más preciado que tenemos, nuestros hijos. 

Confiamos en la educación que les van a dar, en la formación de valores que sean coincidentes con los nuestros, siguiendo de cerca cada uno de sus pasos, porque siempre vamos a acompañarlos. Pero en la escuela están prácticamente todo el día si se trata de una de doble turno o, siendo de uno solo, toda la mañana, tarde o noche. 

Algunos casos recientes, y no tan recientes desde ya, nos lleva a plantearnos quiénes cuidan a nuestros hijos cuando los dejamos en la escuela. Y así como hay muchísimos maestros educadores, formadores, contenedores y dedicados a su vocación, hay otros que ponen en riesgo la salud física y psíquica de nuestros niños. Son los que quedan expuestos a través de las redes sociales por una filmación y por denuncias concretas. Pero el daño está hecho. Y en pleno crecimiento y desarrollo hay marcas que pueden permanecer imborrables para siempre. 

Me pregunto quién contiene a un niño de 11 años cuando en un colegio de La Boca es su propia hermana gemela quien filma una situación de burla de la docente junto con otra hacia el chiquito que se sabe tiene Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. ¿Por qué no recurre a un adulto? Porque son los adultos los que ridiculizan al niño hasta llevarlo a las lágrimas. ¿A quién le va a pedir ayuda? Llega a su casa, muestra el video y comienza una lucha incansable de la madre por defender y proteger a su hijo.

Otro caso reciente es el de una escuela de Hurlingham en la que una maestra califica de “meado” a un alumno de 7 años delante de sus compañeros, asunto amplificado con el apoyo de otra docente que se burla diciendo por un micrófono que “la maestra de segundo grado tiene un meado”. El chico se hizo pis porque pidió ir al baño y no lo dejaron porque faltaban 15 minutos para el recreo. Tiene apenas 7 años. ¿A quién va a acudir si son los adultos los que le hacen bullying y se burlan de él delante de todos? Desde ya que no quiere ir al colegio después de este episodio. Y es importantísimo que curse, que esté con sus amigos, que sociabilice, que pueda volver a confiar en los adultos de su escuela. Porque ya se lo contó a sus padres y ellos están haciendo lo posible para rescatarlo de su sufrimiento.

Más reciente es el caso de un niño de 10 años de una escuela de Ranelagh que fue encerrado en el baño por otros alumnos de 12 años de la institución a la que asiste. Lo manosearon, le bajaron los pantalones y pasaron otras cosas también. Se llegó a decir que era un juego de chicos, naturalizando una situación de abuso. El manoseo es un abuso. ¿Les cuesta tanto decirlo? Es abuso. Y el niño debe ser rescatado y sanado de esa situación. Y que no se la naturalice por favor como si fuera algo común y corriente porque no lo es. 
¿Quién cuida a ese niño? ¿Quién lo protege en la escuela cuando no está con sus padres y en un baño se encuentra a merced de compañeros más grandes incluso que él? ¿Quién lo protege si el colegio minimiza esta situación? 

En todos los casos la escuela debe tomar medidas respecto a los docentes y directores. Alguna lo hizo. Pero principalmente debe hablar de estos temas con los niños, los docentes y los padres. Para que no se repita. Y a resguardo de no estigmatizar a un niño en particular que es inocente de la circunstancia que vivió. Buscando el diálogo entre todos de lo que no se puede ni debe permitir más allá del caso concreto, porque este niño no puede ni debe ser señalado por nadie, y menos por sí mismo, ya que debe recuperar su autoestima, robada por otros en apenas segundos. 

La familia juega el rol más importante. Es allí donde se nutre de amor incondicional. O al menos, así debiese sentirse un niño, jugando en su condición de tal y amado como tal, sólo porque es un niño. Y es la familia la que le da las herramientas necesarias para conducirse en la escuela y en la vida. 
Pero es apenas un niño. Y a veces no puede manejarlas. Más aún si es hostigado por adultos. Si los adultos no lo protegen, lo cuidan y contienen como lo que es. Un niño.

Por María Belén Aramburu

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