#EditorialHi: El valor de la amistad, por María Belén Aramburu



Por causalidad y no casualidad, como creo ocurren todos los sucesos de nuestras vidas, encontré un artículo de un periodista norteamericano llamado Brian Winter. 

Cuenta que en el 2000, a los 22 años, se mudó a la Argentina, con la idea de desarrollarse como periodista. El Buenos Aires Herald no tenía ningún apuro en contratar a un texano sin experiencia. Y, como sólo tenía dos amigos, más grandes que él, que estaban casados y vivían con sus familias, él se pasaba la mayor parte del tiempo solo, caminando por las calles porteñas o recorriéndolas en el colectivo 60 por menos de un dólar devorando empanadas, ñoquis y sandwiches de jamón con un presupuesto de 70 pesos por semana que, por aquel entonces, equivalían a 70 dólares. Leía Arlt, Borges y Mafalda y veía canales de televisión en español. 
Llegó un día en que decidió que tenía que tener una vida o regresar a su casa. 
Dos acontecimientos lo salvaron cuenta Brian. 

El primero, las clases de tango que de hobby terminaron siendo el contenido de un libro años después. El segundo, y mucho más importante, un grupo de doce amigos de Temperley a quienes conoció por un amigo en común. Se conocían del secundario. Pasaban los fines de semana jugando al tenis, haciendo asados y yendo a bailar a los boliches hasta las 5 de la mañana. Se ponían, dice Brian, sobrenombres ridículos y hasta a él le pusieron uno, "Caruso" por un actor argentino, un chico, que era, decían, el único otro "Brian" que conocían. 

Así fue como descubrió, pese a que tenía su propio grupo de amigos en su ciudad natal en Estados Unidos, el talento argentino para mantener grupos de amistades de mucho tiempo. Se sorprendía de todo lo que estos amigos de Temperley hacían juntos: sus eternas bromas como el que siempre "se iba a casar en la próxima primavera", sus abiertas y francas conversaciones sobre sus problemas, ya sean sentimentales por la pérdida de una novia, o de trabajo por haberse quedado sin empleo, familiares, todos tratados con una mezcla de humor y compasión. Se iban de vacaciones todos juntos a Villa Gesell o Bariloche. 

Brian intuyó que estos amigos iban a permanecer por siempre unidos, más allá de sus matrimonios, hijos y carreras. Brian Winter pensó en ellos cuando supo que de las 8 víctimas fatales del atentado terrorista en Nueva York, 5 eran argentinos que habían viajado para celebrar sus 30 años de egresados del colegio secundario, que uno de ellos, Ariel Erlij, de 48 años, que tenía mejores posibilidades económicas que otros, no dudó en pagar los pasajes que no podían costear sus queridos amigos. Viendo la foto con sus remeras que tenían impresas la palabra LIBRE él comprendió lo que este viaje había significado para ellos. 

Tomo este artículo como referencia porque nos muestra la mirada de un extranjero que advierte un valor que es muy nuestro, muy argentino por así decirlo. No porque en otros lugares del mundo no se celebre la amistad y se desarrollen fuertes lazos que así lo comprueban. Sino porque ésta es una de nuestras características que debemos resaltar y fomentar. Si los extranjeros lo ven y valoran en nosotros, ¿cómo no ponerlo en el podio entre los valores más preciados? Si cuando los argentinos voluntaria u obligadamente se van a vivir afuera extrañan, entre otros muchos valores como el de la familia, el de la amistad.

La tragedia los encontró juntos. Iban de a dos circulando por una bicisenda en la ciudad de Nueva York. Habían ido al mismo colegio en Rosario. Los festejos por haber egresado hace 30 años del secundario iban a continuar en la ciudad santafesina que los había visto reír, llorar, abrazarse, ilusionarse, crecer, disfrutar, bailar y tener historias de amor, proyectos, mujeres , hijos y trabajos. Con aciertos y desaciertos. Con alegrías y pesares. Pero siempre juntos. 

La causalidad y no la casualidad hizo que encontrara el texto de Brian en el Whatsapp grupal de mis compañeras y amigas del colegio. El Whatsapp en el que, gracias a la tecnología, nos permite estar conectadas para compartir la vida. Los recuerdos e historias presentes se van mezclando entre las expresiones más genuinas de apoyo, compañía, risas y lágrimas que, trascendiendo los alcances tecnológicos y gracias a ellos, nos permiten vivir los encuentros personales. 

Para las familias de Ariel Erlij, Hernán Diego Mendoza, Diego Enrique Angelini, Alejandro Damián Pagnucco y Hernán Ferruchi mis más sentidas condolencias. Sepan que los nombres de sus hijos, hermanos, maridos, están fuertemente sellados por el Amor. El Amor de una Amistad sincera y eterna.

por María Belén Aramburu

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