#EditorialHi: "¿Qué significa pedirle plata al FMI?", por María Belén Aramburu



El gobierno nacional necesitó de un auxilio. Y se lo pidió al Fondo Monetario Internacional, al cual tantas veces le pedimos prestado para hacer frente a obligaciones y muchas de las veces para endeudarnos para pagar los intereses de la deuda devengada, o sea nos endeudamos para pagar la deuda contraída con anterioridad.

Para evitar estar cerca del ojo del organismo financiero internacional, el gobierno anterior decidió librarse de él y de sus frecuentes controles. Aunque, siendo miembros del mismo, el seguimiento de nuestra política económica tiene continuidad, aunque no con la asiduidad que se plantea cuando se le pide prestado. En estos casos, como en cualquiera que requiera el otorgamiento de un préstamo se exige el pago de una tasa de interés y determinados requisitos que llevan a su efectivo cumplimiento en tiempo y forma. La primera está resuelta en una tasa inferior a otras instancias y la segunda, a través de negociaciones en Washington, traerán el coletazo de una oposición que en los últimos días supo unificarse en torno a la aprobación de un proyecto de ley unificado que implicaría, de lograrse la otra media sanción en el Senado, retrotraer las tarifas de los servicios públicos a noviembre del año pasado, actualizándolas por el indice de variación salarial para los usuarios residenciales y por el índice de precios mayoristas para las pymes. El punto sobre reducción del 50% del IVA se sacó del proyecto por el rechazo que éste provocó en las provincias que lo reciben como parte de la coparticipación. De todos modos el Poder Ejecutivo ya anunció su veto de convertirse en ley. Es una facultad que constitucionalmente le atribuye la Constitución. La tiene garantizada. Lo que no tiene garantizado es su costo político.

Algunos legisladores están planteando la necesidad de que pase por sus manos la autorización para que el Ejecutivo contraiga deuda. Pero por la Ley de Administración Financiera en el presupuesto figura su capacidad de endeudamiento, ya sea a través de créditos, préstamos de organismos financieros o emisión de deuda. Y, si bien el gobierno manifestó que no necesita este dinero sino sólo para brindar una espalda a un dólar en aumento y una tasa de interés de las Lebac que incrementa su número para absorber pesos y desviarlos de la compra de dólares, la fuga de capitales pone en alerta la utilización de los convencionales instrumentos de política monetaria en un contexto de aumento de tasas del Tesoro de los Estados Unidos que, siendo por demás atractivas tienen un muy bajo riesgo, y la devaluación de las monedas regionales que nos obliga ser competitivos.

La oposición rechaza un crédito stand-by del FMI, ya que consideran que se vienen nuevos ajustes. Y al gobierno le incomoda que algunos miembros hayan afirmado que el organismo no quiere financiar una fuga de capitales que se está haciendo evidente, al igual que un próximo blanqueo de capitales, flexibilización laboral, resistida por la oposición unificada en el Congreso pero que ya está en marcha, y cambios en el sistema provisional, que más allá de haber fijado un nuevo índice de actualización de haberes en diciembre del año pasado, con incidentes dentro y fuera del recinto, pretendería una modificación de la edad jubilatoria que ya fue cuestionada.

La atención de la Argentina ha estado en Washington, ya que las opiniones de quienes manejan el corazón financiero, con sus repercusiones en el mundo, contribuyeron aún más a desestabilizar el panorama económico local cuando estimaron que nuestro país no iba a dar cumplimiento de sus tan mentadas y anunciadas metas de política fiscal. Los ajustes venideros intentaron brindar una bocanada de aire fresco con la descompresión del gasto público, reduciéndolo en un 50% en el destino previamente asignado a la obra pública, con el consecuente resultado del efecto multiplicador que por este motivo se le restará a la construcción, y, su repercusión en un momento previo a las elecciones ya que esta obra es la que resalta la función de un gobierno, haciéndose de las mas visibles al electorado.

El martes próximo será un día clave. Se vencen $670.000 millones en Lebac, un poco más de la mitas de estas letras del Banco Central en circulación. Para los que tienen sus posiciones en Lebac, la ecuación pasará por identificar al ganador: dólar, precios o tasas para apostar al mejor.

Para el común de la gente que está fuera del cotidiano ejercicio de los grandes operadores, la situación es diferente. Quien gane la carrera no precisamente signifique convertirlos en ganadores. Lejos de eso, los pone en el lugar de perdedores.

Por María Belén Aramburu

+ Leídas de la semana